Texto de Lisandro Duque Naranjo
Andrés Pastrana le debe a los colombianos, hasta el
momento, dos o tres, o quizás cuatro, explicaciones. Por una de ellas, debe
responder ante instancias de control por haberse aprovechado de su autoridad
como presidente para permitir a Ghislaine Maxwell el uso de un uniforme de la
FAC y de un helicóptero Black Hawk, para que disparara a “terroristas”. Supongo
que, para facilitar su acceso a esa experiencia extrema, además de la
influencia presidencial, la mujer hizo valer su condición, y la de su papá y su
marido, de miembros del Mossad. Según los archivos de Epstein, la mujer contaba
eso a sus amigotes en fiestas como si fuera una aventura salvaje. La verdad es
que, si acaso dio de baja a algún “terrorista”, no le importó mucho, pues,
trajeada de civil, eso era lo suyo: cazar adolescentes en la jungla urbana para
el disfrute de los depredadores ricos en la mansión neoyorquina de Epstein, o
en su isla de la fantasía. La diferencia es de indumentaria.
Las otras explicaciones que le debe Pastrana a la
opinión son: ¿a qué invitó a Cartagena a la Maxwell?, supongo que, a la Casa de
Huéspedes, o a donde quiera que se haya alojado. Y bueno, esto no amerita
declararlo ante un fiscal: ¿cómo es el asunto de haberle gorreado a Ghislaine
alojamiento en Nueva York?
Pero hay más: lo de su viaje a Cuba, de lo que ha dado
versiones disímiles. Primero dijo que Epstein le había dado un aventón en su
Lolita Express hasta Bahamas, porque tenía una cita con Fidel Castro. Ahora
está diciendo que le gestionó la cita a Epstein con Fidel, y de eso hay
evidencias fotográficas. También se ha sabido que Epstein quería comprar una
propiedad en La Habana para montar una taberna VIP. Me imagino el negocio.
Creo que Pastrana se arriesgaba dejándose ver con ese
parche de depravados, no por pertenecer al negocio de trata de mujeres y niños,
sino que medraba por un interés libidinoso en “las nalgadas” de Ghislaine, una
mujer guapa antes de saberse que era una delincuente monstruosa. Supongo que
confesar esa atracción le causará otro tipo de problemas. Y que el solo saber
de sus malas compañías le significará un estigma social en todo el mundo,
incluida Colombia.
Ya el expríncipe Andrés de Inglaterra fue detenido. Y
Bill Gates ha sufrido su bochorno venéreo en la comunidad global, además de su
divorcio multibillonario. Una gonorrea costosa, aunque es insuficiente castigo.
Curiosamente –y siempre y cuando no se los incluya en abuso de menores ni en
rituales antropofágicos y necrofílicos con niños– ha habido por parte de la
opinión cierto grado de indulgencia con respecto a los artistas (Mick Jagger,
Woody Allen). Esto último, lo de la antropofagia con niños, espero que forme
parte de las fake news del internet oscuro, y la prueba es que, en los archivos
Epstein, de tres millones de datos, solo se reporta un caso de esta aberración
horrorosa. Debió ser un hacker esotérico que leyó sobre un Saturno mal
aspectado devorándose a sus hijos.
Trump sigue invicto, y entre más aparece en los
archivos, más errático es en la política. Se le confunden los países que
quisiera borrar con las fotos que no alcanzó a desaparecer, en las que se ve
tocando a niñas púberes. Ahora quiere extender MAGA a todo el occidente
planetario. Cuando se le caiga una ficha, se le vendrá abajo todo el entable.



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