Por:
Camilo José Zamora Soto
El
músico y productor impulsa procesos culturales y formativos desde el Quindío.
Diego
Ariza Medina ha trabajado durante más de una década en producción musical y
procesos culturales en el Quindío.
La
música ha acompañado a Diego Ariza Medina prácticamente desde la infancia.
Creció en Sevilla, Valle del Cauca, un municipio reconocido por su tradición
artística y por la cantidad de festivales musicales que cada año reúnen
intérpretes de distintos lugares del país. Entre ensayos, procesos culturales y
encuentros con músicos, fue construyendo una relación cercana con la música
andina colombiana y con los sonidos tradicionales que más adelante marcarían su
carrera. Aunque hoy vive en Armenia y desarrolla gran parte de sus proyectos en
el Quindío, Diego habla constantemente de las raíces familiares y culturales
que lo conectaron con la música desde muy pequeño. Su apellido también terminó
llevándolo a descubrir una tradición musical ligada a los Ariza de Santander,
reconocidos históricamente dentro de la interpretación del tiple y el requinto
colombiano. Actualmente hace parte de la producción artística de las músicas
del Show del Café en el Parque del Café, lidera procesos culturales desde la
Universidad La Gran Colombia y trabaja en nuevos proyectos relacionados con
producción sonora y sound branding. Para él, la música sigue siendo un espacio
de construcción colectiva, formación y memoria cultural.
¿Quién es Diego Ariza y cómo nació su relación con la música andina
colombiana?
Nací
en Sevilla, Valle del Cauca, y llevo aproximadamente 14 años viviendo en
Armenia. Sevilla tiene una tradición musical muy fuerte y constantemente hay
festivales y procesos culturales. Desde niño tuve la posibilidad de estar
rodeado de grandes maestros y músicos. Durante muchos años hice parte del grupo
Bandola y siempre estuve muy conectado con el mundo artístico y musical. Todo
eso hizo que tomara la decisión de dedicarme profesionalmente a la música.
Usted viene de una familia con tradición musical y además tiene relación
con los Ariza de Santander. ¿Qué tanto influyó esa historia familiar en su
carrera?
Mi
papá fue quien empezó a cultivarme el interés por la música desde muy pequeño.
Yo hacía parte de procesos de formación artística en la Casa de la Cultura de
Sevilla, pero fue mucho tiempo después, ya participando en festivales de música
andina colombiana, cuando empecé a encontrarme con familiares de los Ariza y
descubrí toda esa conexión musical. Ahí entendí que existía una tradición
familiar muy importante alrededor del tiple colombiano y el requinto. Fue muy
bonito descubrir que hacía parte de una familia reconocida históricamente
dentro de la música andina colombiana.
Para quienes no conocen esa historia, ¿quiénes son los Ariza dentro de
la música colombiana?
Existen
varias ramas de la familia Ariza, especialmente en Santander y en la provincia
de Vélez. Por ejemplo, Eugenio Ariza fue una de las primeras personas en grabar
tiple requinto de manera comercial en Colombia. También está el maestro Jorge
Ariza, muy reconocido por trabajos discográficos importantes, entre ellos una
colección llamada Su Majestad el Tiple. Son familias muy ligadas históricamente
a la música andina colombiana y especialmente al desarrollo del tiple como
instrumento representativo.
Actualmente hace parte de las músicas del Show del Café y además trabaja
en procesos formativos. ¿Cómo ha sido combinar el escenario con la enseñanza?
Ha
sido un proceso muy bonito y muy gratificante. Antes de llegar al Quindío
trabajé con la Fundación Nacional Batuta en convenio con la Fundación
Panamericana para el Desarrollo, coordinando procesos musicales en San José del
Palmar, Chocó, una comunidad fuertemente golpeada por el conflicto armado.
Después llegué al Quindío y uno de mis primeros trabajos fue producir las
músicas del Show del Café. Ya llevo más de 12 años trabajando allí. También he
participado en procesos con Fundanza y actualmente en la Universidad La Gran
Colombia. Siempre he estado muy conectado con la formación musical, los
festivales infantiles y juveniles y los procesos de acompañamiento como
productor, arreglista y jurado. Lo más bonito es ver que muchos estudiantes hoy
hacen parte de proyectos artísticos importantes.
A lo largo de su carrera ha recibido varios reconocimientos en
festivales. ¿Qué momentos considera más significativos?
He
tenido la fortuna de participar en muchísimos festivales y ganar
reconocimientos como el Mono Núñez, Ciudad Santa Fe y otros premios
relacionados con música andina colombiana. Pero creo que los momentos más
importantes fueron dos. El primero fue participar en Cosquín, en Argentina, uno
de los festivales de música folclórica más grandes del mundo. Y el segundo fue
representar a Colombia en Viña del Mar. Ahí entendí otra dimensión de la música
folclórica porque era una producción muchísimo más grande y comercial. Fue una
experiencia muy gratificante estar en un escenario de ese nivel representando
la música colombiana.
¿Cómo ve actualmente el apoyo y las oportunidades para la música andina
y folclórica en Colombia?
Es
un panorama complejo, aunque también tiene muchas ventajas. Hace años producir
música y lograr difusión era mucho más difícil. Había que hacer muchísima
gestión para conseguir entrevistas o espacios de circulación. Hoy las redes
sociales permiten mostrar el trabajo de manera inmediata y eso abrió una
ventana enorme para todos los artistas. El problema es que ahora existe
demasiada oferta musical y las personas reciben tanta información que muchas
veces nada permanece demasiado tiempo. Además, la inteligencia artificial
también está transformando completamente la producción musical y eso plantea
nuevos retos para quienes trabajamos en este campo.
¿Qué proyectos lidera actualmente Diego Ariza?
En
este momento estoy trabajando junto a Ana Sofía Quiceno en una empresa llamada
Niebla, enfocada en sound branding y producción sonora para diferentes
formatos. Hemos realizado trabajos relacionados con televisión, cine y
producción artística. Seguimos trabajando en el Show del Café y además
próximamente estaremos en el Festival Mono Núñez junto a Mónica de la Escobar
representando al Quindío. También hay un proyecto muy importante desde la
Universidad La Gran Colombia, donde me desempeño como coordinador de Arte y
Cultura. Junto a la rectora Bibiana Vélez Medina estamos construyendo una
agenda cultural permanente para el departamento. La idea es convertir la
universidad en un epicentro cultural donde constantemente haya conciertos,
encuentros artísticos y procesos abiertos para la comunidad.

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