Texto
de Germán Peña Córdoba.
Todos creían que Gustavo Petro saldría corriendo inmediatamente terminara su mandato. Todos creían que
Petro huiría dejando su legado a merced de sus enemigos políticos y él,
impotente negándose asumir su defensa. Todos creían que él dejaría huérfanas a
sus bases leales a las reformas sociales. Todos lo creían, pero la buena
noticia es, que no será así.
Cuando
no existe conciencia política, ni convicciones, ni coherencia, salir corriendo
es normal. Todos los mandatarios cuando terminan su periodo, sufren un
envejecimiento prematuro, salen viejos y de decrépitos, egresan con la
popularidad vuelta añicos, la reputación en el piso y (con las debidas
excepciones) sus alforjas llenas; todos corren el siete de agosto a embarcarse
en el primer avión que despega. Sus acérrimos detractores esperaban que Gustavo
Petro haría lo mismo que otros hacen; que dejaría abandonada toda una vida de
lucha, su militancia, unas férreas convicciones y el compromiso ineluctable con
su pueblo. Todos lo creían, pero de eso nada sucederá ¡No será su caso!
Para
Petro ser opositor es su Modus vivendi, es su refugio y su habitad
natural, quizás puede hacerlo mejor como opositor que como gobernante. El
oficio político de ser opositor es complejo pero vivificante cuando se trata de
defender un legado y pervivir. Recuerdo, cuando aun siendo alcalde de Bogotá el
fanático religioso Alejandro Ordoñez desde su pedestal de arbitrariedad en lo
que convirtió la Procuraduría General de la República, pretendió derrocarlo e
inhabilitarlo para ocupar cargos públicos de por vida. Petro cambio de piel y
trasmutó a ser férreo opositor del inefable Ordoñez
Petro
se declaró en oposición a la arbitraria medida del procurador Ordoñez,
se opuso con su natural rebeldía, movilizó a miles de simpatizantes que,
reunidos todos los días en la plaza de Nariño, gritaban consignas y clamaban
justicia. En su momento fue lo que se llamó "el plazoletazo": cientos
de jóvenes reclamaban la restitución del alcalde de Bogotá arbitrariamente
destituido. Finalmente fue la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos
Humanos) la que corrigió la ignominia proferida por la réplica colombiana del
temible inquisidor español Tomas de Torquemada.
Como
opositor se opuso (valga el énfasis), a qué el 35% del congreso
"refundaran la patria", sus denuncias sobre el paramilitarismo en
Colombia llevó a que la justicia Colombiana determinará la detención de decenas
de congresistas. En su papel de opositor, puso contra las cuerdas a la alcaldía
de Samuel Moreno Rojas, en lo que, en su momento, se llamó "El Carrusel de
la Contracción de Bogotá". Gustavo Petro desnudo el macrocaso de corrupción
de los hermanos Nule y, todo lo hizo, a pesar de su afinidad con el Partido
Polo Democrático al cual pertenecía Moreno Rojas y su hermano. Lo anterior
fueron casos emblemáticos; pero en sus más de 20 años como congresista destapó
grandes hechos de macrocorrución.
Por
todo lo anterior, pienso que Gustavo Petro, al declararse hoy jefe de la
oposición, será un contrapoder que evitará qué la gran base social que lo apoya
y reconoce su obra como presidente, no se le pisotee los grandes avances en
materia social logrados por su gobierno. Petro como opositor no será una simple
piedra en el zapato qué evita caminar con comodidad, será un hueso duro de
roer, no, Petro será la conciencia de un pueblo, conducido ingenuamente a
cometer una gran equivocación histórica.
Germán Peña Córdoba
Arquitecto- UNIVALLE


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