Texto
de Leonardo Medina Patiño
Lo
recuerdo como mi profesor de derecho constitucional durante dos años, en la
Universidad Libre de Cali.
Me
asombraba su memoria. Daba fechas, nombres, datos precisos, como un académico
consumado que siempre fue.
Se
presentaba a clase muy elegante, cuando en Cali se utilizaba traje completo y
corbata. Explicaba con su voz englobada, los alcances de las disposiciones
normativas constitucionales y fluía fácilmente hacia los análisis políticos,
paralelo al cotejo normativo.
Luego,
lo volví a encontrar en diferentes escenarios académicos, foros, encuentros de
abogados, incluso cuando ejerció importantes cargos públicos, hace al menos una
década atrás.
En
su libro “Bolívar y el constitucionalismo colombiano” navegué y navegué
aprendiendo episodios de la vida del Libertador, que el profesor Ramos supo
hilar con el aporte que aquél hizo al derecho constitucional.
La
noche de la presentación de su libro asistí, aun siendo estudiante de la
facultad de derecho, a lo que se llamaba la “Casa blanca” de la UNILIBRE, a
escuchar al magistrado Vladimiro Naranjo presentar la obra de Alberto Ramos Garbiras.
Hace
algún par de años, antes de la conmemoración de la COP 16, estuvimos dialogando
en la biblioteca departamental como expositores, en un encuentro que, junto a
Pedro Luis Barco Díaz hicimos, para disertar sobre ese evento.
Allí
llegó el doctor Ramos Garbiras con un libro sobre Jorge Isaacs titulado “María,
cinco géneros” y me sorprendió, porque no conocía esa aproximación a la
literatura.
Me
siento honrado porque antes de su partida al Oriente Eterno me llamó a pedirme
que le apoyara en la presentación de la re edición de su libro “El centro
político”, y que hiciera una breve presentación del mismo y de su hoja de vida.
Ya
se le notaba la voz cansada, pero siempre con la palabra precisa.
Estuvimos
en la biblioteca Centenario junto a su familia, algunos políticos del centro,
amigos, académicos, ex magistrados, y allí hicimos la presentación de su libro
y él (como el profesor que siempre fue), disertó durante una hora -sin
interrupción- sobre la historia presidencial en Colombia y si en ese momento de
la historia hubo o no centro político.
Paz
en su tumba, y que sus letras sigan – ojalá- iluminando el camino de la
academia, de la vida, de la política, del derecho.



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