Las maquinarias todavía están allí.

21 de febrero de 20260 COMENTARIOS AQUÍ

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Texto de Germán Peña Córdoba.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Este es el cuento más corto del mundo. Es un microrrelato que se compone de 7 palabras, cuyo autor es el hondureño-mexicano Augusto Monterroso, y simboliza la persistencia en el pasado. Fue escrito en 1959. Aunque razonablemente decimos, que el pasado es un cheque cancelado, el pretérito vive y tenerlo como referente es un imperativo categórico, para no perseverar en el error y, además, para que repetir errores habiendo muchos errores nuevos por conocer.

Extrapolando el tema a la política actual, en Colombia las maquinarias políticas construidas y tejidas por décadas por la vieja política bipartidista todavía están allí. Es indudable que han sido golpeadas por una nueva visión de país; una novedosa ola Progresista que ha adquirido conciencia y que recorre grandes urbes, municipios, caminos y veredas; esta nueva ola muy probablemente se verá reflejada de manera abrumadora el 8 de marzo, a pesar de los palos en la rueda y la mula muerta que se atraviesa en el camino tratando de evitar el anhelado cambio.

Derrotar las maquinarias es el propósito superior, pero eso empieza por reconocerles su arraigo. Desconocer su existencia es iluso, es innegable e ingenuo subestimarlas. Cerrar los ojos y soslayarlas es comportarse como el avestruz cuando introduce su pequeña cabeza en la arena y deja expuesto todo su cuerpo, creyendo haber engañado al depredador que fácilmente da cuenta de su presa. Minimizar las maquinarias políticas es dejar el campo abierto para que jueguen solas, y ellas mismas impongan las reglas de juego y ganen por W. Así las cosas, las maquinarias al igual que el dinosaurio de Monterroso, todavía están allí, incólumes, con la barriga llena, dormitando y, aun así, quieren más y más y más.

Ojalá no nos llevemos sorpresas, cuando a las maquinarias políticas olímpicamente las ignoremos, e ingenuamente las subvaloremos. Su poder se conserva intacto, ellas realizan su trabajo de manera silenciosa; en forma deliberadamente taimada y sinuosa, para luego propinar el golpe certero, en el momento adecuado. Las maquinarias todavía tienen ascendencia sobre un grueso número de electores, qué no logran desprenderse de ellas, no logran liberarse y como cualquier adicción han logrado convivir con el monstruo que llevan en sus entrañas, el monstruo qué los devora, los coopta, y en una especie de simbiosis los automatiza y los instrumentaliza de tal manera, que el pensamiento crítico desaparece habiéndolo tenido; otros son presas fáciles porque nunca lo han desarrollado.

Las maquinarias todavía gozan de buena salud como los muertos que vos matáis. Su poder burocrático es inmenso y su ascendencia existe en un electorado que aún no logra descifrar lo que le normalizan y que todavía cree que otra visión de país no es posible; las maquinarias tienen aún bancada numerosa en el filibustero congreso, que impide que las reformas pasen, poseen una nutrida representación en el servicio exterior, hacen un lobby que incide con fuerza en grandes decisiones estatales, y las llamadas pomposamente "instituciones" son su mayor aliado, pues están diseñadas por un sastre que las confecciona a su justa medida; de tal manera que en un momento decisivo y trascendental, con sello ganan y con cara también.

Una maquinaria bien aceitada rinde muy buenos frutos electorales. No nos vamos lejos: corría el año 2022 y empezaba el gobierno del cambio presidido por Gustavo Petro; su incuestionable legitimidad se la otorgaba el haber ganado las elecciones con más de 11 millones de votos, sobre el empresario Rodolfo Hernández. En octubre del 2023 se elegía gobernadores y alcaldes, se renovarían Asambleas y Concejos Municipales. Se suponía, que el Pacto Histórico ganador de la presidencia tendría una incidencia mayor es estos resultados y con ello una mayor gobernabilidad del ejecutivo en su relación con alcaldes y Gobernadores.

¿Qué paso?

Las maquinarias operaron como un relojito. También mucho ayudo las discrepancias internas dentro del Pacto Histórico, se hizo evidente el viejo aforismo: “la izquierda unida jamás será izquierda”. Total, gobernaciones como la del Valle del Cauca, Atlántico, Antioquia y sus correspondientes alcaldías, quedaron en manos de los enemigos del cambio, porque las maquinarias que aún gozan de buena salud funcionaron a la perfección, y agréguele a esto, la disfuncionalidad que ofreció el movimiento Progresista, que despreció este momento tan clave para su historia política.

Es indudable que después de Gustavo Petro Colombia no será la misma, la historia quedará dividida entre un antes de Petro y, un después de Petro. Hoy, el gobierno del cambio a pesar de los obstáculos que aparecen como bloqueo institucional, ha logrado grandes conquistas sociales que, si las enumeramos una por una, no cabrían en esta columna de opinión. Pero una postura realista, es que se necesita una gran coalición que abarque varios matices políticos, que universalice los ideales progresistas. Desentrañar la concepción de gueto de izquierda pura es un imperativo, la pluralidad conservando la esencia doctrinaria es un objetivo superior.

 ¡Solos no se gana!

Germán Peña Córdoba

Arquitecto-UNIVALLE

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