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Texto
de Germán Peña Córdoba.
Cuando
despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Este es el cuento más
corto del mundo. Es un microrrelato que se compone de 7 palabras, cuyo autor es
el hondureño-mexicano Augusto Monterroso, y simboliza la persistencia en el
pasado. Fue escrito en 1959. Aunque razonablemente decimos, que el pasado es un
cheque cancelado, el pretérito vive y tenerlo como referente es un imperativo
categórico, para no perseverar en el error y, además, para que repetir errores
habiendo muchos errores nuevos por conocer.
Extrapolando
el tema a la política actual, en Colombia las maquinarias políticas construidas
y tejidas por décadas por la vieja política bipartidista todavía están allí. Es
indudable que han sido golpeadas por una nueva visión de país; una novedosa ola
Progresista que ha adquirido conciencia y que recorre grandes urbes, municipios,
caminos y veredas; esta nueva ola muy probablemente se verá reflejada de manera
abrumadora el 8 de marzo, a pesar de los palos en la rueda y la mula muerta que
se atraviesa en el camino tratando de evitar el anhelado cambio.
Derrotar
las maquinarias es el propósito superior, pero eso empieza por reconocerles su
arraigo. Desconocer su existencia es iluso, es innegable e ingenuo subestimarlas.
Cerrar los ojos y soslayarlas es comportarse como el avestruz cuando introduce
su pequeña cabeza en la arena y deja expuesto todo su cuerpo, creyendo haber
engañado al depredador que fácilmente da cuenta de su presa. Minimizar las
maquinarias políticas es dejar el campo abierto para que jueguen solas, y ellas
mismas impongan las reglas de juego y ganen por W. Así las cosas, las
maquinarias al igual que el dinosaurio de Monterroso, todavía están allí,
incólumes, con la barriga llena, dormitando y, aun así, quieren más y más y
más.
Ojalá
no nos llevemos sorpresas, cuando a las maquinarias políticas olímpicamente las
ignoremos, e ingenuamente las subvaloremos. Su poder se conserva intacto, ellas
realizan su trabajo de manera silenciosa; en forma deliberadamente taimada y
sinuosa, para luego propinar el golpe certero, en el momento adecuado. Las
maquinarias todavía tienen ascendencia sobre un grueso número de electores, qué
no logran desprenderse de ellas, no logran liberarse y como cualquier adicción
han logrado convivir con el monstruo que llevan en sus entrañas, el monstruo
qué los devora, los coopta, y en una especie de simbiosis los automatiza y los
instrumentaliza de tal manera, que el pensamiento crítico desaparece habiéndolo
tenido; otros son presas fáciles porque nunca lo han desarrollado.
Las
maquinarias todavía gozan de buena salud como los muertos que vos matáis. Su
poder burocrático es inmenso y su ascendencia existe en un electorado que aún
no logra descifrar lo que le normalizan y que todavía cree que otra visión de país
no es posible; las maquinarias tienen aún bancada numerosa en el filibustero
congreso, que impide que las reformas pasen, poseen una nutrida representación
en el servicio exterior, hacen un lobby que incide con fuerza en grandes
decisiones estatales, y las llamadas pomposamente "instituciones" son
su mayor aliado, pues están diseñadas por un sastre que las confecciona a su
justa medida; de tal manera que en un momento decisivo y trascendental, con
sello ganan y con cara también.
Una
maquinaria bien aceitada rinde muy buenos frutos electorales. No nos vamos
lejos: corría el año 2022 y empezaba el gobierno del cambio presidido por
Gustavo Petro; su incuestionable legitimidad se la otorgaba el haber ganado las
elecciones con más de 11 millones de votos, sobre el empresario Rodolfo
Hernández. En octubre del 2023 se elegía gobernadores y alcaldes, se renovarían
Asambleas y Concejos Municipales. Se suponía, que el Pacto Histórico ganador de
la presidencia tendría una incidencia mayor es estos resultados y con ello una
mayor gobernabilidad del ejecutivo en su relación con alcaldes y Gobernadores.
¿Qué
paso?
Las
maquinarias operaron como un relojito. También mucho ayudo las discrepancias
internas dentro del Pacto Histórico, se hizo evidente el viejo aforismo: “la
izquierda unida jamás será izquierda”. Total, gobernaciones como la del Valle
del Cauca, Atlántico, Antioquia y sus correspondientes alcaldías, quedaron en
manos de los enemigos del cambio, porque las maquinarias que aún gozan de buena
salud funcionaron a la perfección, y agréguele a esto, la disfuncionalidad que
ofreció el movimiento Progresista, que despreció este momento tan clave para su
historia política.
Es
indudable que después de Gustavo Petro Colombia no será la misma, la historia
quedará dividida entre un antes de Petro y, un después de Petro. Hoy, el
gobierno del cambio a pesar de los obstáculos que aparecen como bloqueo
institucional, ha logrado grandes conquistas sociales que, si las enumeramos
una por una, no cabrían en esta columna de opinión. Pero una postura realista,
es que se necesita una gran coalición que abarque varios matices políticos, que
universalice los ideales progresistas. Desentrañar la concepción de gueto de
izquierda pura es un imperativo, la pluralidad conservando la esencia
doctrinaria es un objetivo superior.
¡Solos no se gana!
Germán Peña Córdoba
Arquitecto-UNIVALLE


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