Texto de Lisandro Duque Naranjo
Paloma Valencia obtuvo su
candidatura abriéndose paso con no pocos obstáculos, y obtuvo su propósito en
el último instante. Desde hace muchos meses, compartía el mismo empeño con
Paola Holguín y María Fernanda Cabal, y supuso que su más difícil adversaria
iba a ser esta última. Pero en el horizonte apareció otra persona, un joven
Alfa, que podría amenazar su propósito: Miguel Uribe Turbay. Sobreponerse a él,
cuando aún no constituía un peligro, iba a ser difícil, pues era el típico
ganador, fluido de verbo, procedente de una cantera clientelista que había
llevado a su abuelo a la presidencia y, aparte de esos títulos, huérfano desde
los cinco años de una madre que pereció en un tiroteo confuso de balas perdidas
durante un rescate cruento del ejército a sicarios de Pablo Escobar, que la
tenían secuestrada, y que estaban en un operativo para liberarla. La única que
trató de entorpecer ese desenlace trágico fue doña Nydia, madre de la rehén,
cuyas palabras reprobatorias deben retumbar aún en la memoria del presidente de
entonces, César Gaviria (ver Noticia de un secuestro, de Gabriel García
Márquez).
Más de 30 años después, el hijo
de la inmolada, sin cumplir sus 40, había sido concejal de Bogotá y secretario
de Gobierno de Peñalosa, y se ofreció a las filas del Centro Democrático, donde
el corazón de merengue de AUV se desmoronó metiéndolo de una vez de candidato a
la Alcaldía, donde perdió, y luego, saltándose el turno, a la fila de
precandidatas presidenciales que conformaban las tres mujeres. Miguel Uribe
Turbay les llevaba una mártir de ventaja y varios años de juventud. Y empezó,
anticipándoseles, a convocar manifestaciones con dineros que ellas creían
excesivo. Una bala tronchó su camino justo cuando defendía el derecho de los
ciudadanos a usar armas. Quien ordenó el crimen –desde territorios remotos (?)
o desde el centro de Bogotá– tenía el pálpito de que él ganaría la presidencia,
y quería pegotearse en todo, pero lo logró apenas con su familia.
En sus exequias apareció su
padre, Miguel Uribe Londoño, olvidado desde hace años en el cuarto de los
chécheres, y lanzó su candidatura invirtiendo la línea monárquica, que se
supone va de padre a hijo, y no al revés. Y se mostró más acelerado que su hijo,
y hasta tenía ya programa para su mandato, casi que nombres para el gabinete, y
quería alzarle la voz a su jefe, lo que molestó a AUV y puede que, a la viuda,
María Claudia Tarazona. Ella aparentó subordinarse y, a poco andar,
aprovechando un descuido, se fue detrás de Paloma Valencia. Ignoro cómo le fue
a la senadora Valencia antier, el hecho es que el clan Uribe
Turbay-Londoño-Tarazona, tan cohesionado preelectoralmente, se desbarató. El
huérfano de cinco años de Miguel se quedó sin abuelo; María Fernanda Cabal, sin
partido y Paola Holguín, sin curul.
El “papá” de Paloma Valencia ha
sido un desastre.



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