Texto de Germán Peña Córdoba.
Toda democracia representativa se basa en los votos contabilizados en las urnas y estos votos determinan un
ganador. A menos de 30 días de las elecciones en Colombia vale la pena
preguntarse el título que inspira esta columna de opinión: ¿Y cuantos votos
tiene Ud.? ¿Con cuántos votos va ayudar para llevar a su candidato a la victoria?
Cualquiera que sea la causa que Ud. abrase, en una democracia exenta de fraude
la victoria se logra en las urnas y con un denodado trabajo político. Hoy tenemos mucho análisis, mucha critica,
mucha opinión y poco trabajo político ¡Es la verdad!
A estas alturas del paseo todos los análisis sobre lo que afecta al
proceso electoral colombiano se encuentran agotados. Se cae en la repetición de
las causas, insistimos en la existencia de los sempiternos problemas, nos
empantanamos en la reiteración de las crisis, pero vale la pena preguntar: ¿con
cuántos votos va ayudar a la causa? Todo lo anterior se da en un país cuyas
causas objetivas de la violencia están plenamente identificadas y los ejes de
la cíclica situación se encuentran ya sobre diagnosticados. Hace mucho rato,
sabemos que antes de cada elección presidencial sobre vienen eventos, que
tratan de influir en las emociones de los votantes para exacerbar "el
miedo, la incertidumbre y la indignación". Es un trasnochado truco.
¡Vivimos un Deja Vu!
Todo es una escena que se repite como Deja Vu, todo es un viejo conocido
que se presentó en sociedad el 02 de octubre de 2016 en el Plebiscito por la
paz, donde con engaños (según lo confesó el director de campaña) la gente salió
a votar en contra de la paz "emberracada" como era el propósito de
sus promotores. La historia se repite, por supuesto si dejamos que de nuevo
engañen a la gente; en este caso traigo a colación el viejo proverbio árabe que
dice así: si te engañan una primera vez la culpa es del engañador. Pero si el
engañador te engaña una segunda vez.... la culpa es tuya. Al respecto lo más
ilustrativo de la cultura popular en este puntual caso, son las palabras de mi
abuela Petrona Oliveros: "al perro no lo capan dos veces"
La hirsuta ultraderecha colombiana, tan astuta, tan audaz y tan
perspicaz no se ha dado cuenta que Colombia cambió. La Colombia de hoy se
divide en dos: un antes y un después; una Colombia antes de Petro y una
Colombia después de Petro. Grandes sectores de la anquilosada derecha no se han
dado cuenta que los crueles y dolorosos autoatentados ya no rinden réditos
electorales. La indignación, el miedo y la incertidumbre que plantea el plan Júpiter
ya no cuaja. Lo que se necesita son propuestas de esperanza y cambio, y ya
sabemos quién es el dueño de esos planes y quien el dueño de esas palabras.
Un plan Júpiter casi siempre ha estado presente antes de cada elección;
hoy el plan de nuevo hace presencia, pero más sofisticado que nunca. Hemos
normalizado el fraude, porque el constreñimiento al elector no es solo un
delito contemplado en nuestro código penal, también es fraude electoral. Lo que
sucede hoy, no es exclusivo en el gobierno Petro. El manejo del miedo ha sido
siempre el arma predilecta de "Los Señores de la Guerra", para someter
a los colombianos al control social que requieren las elites. Mantener la
plutocracia, eternizar sus privilegios y direccionar tendencias en las próximas
elecciones, es prioritario en su programa político
No se trata de minimizar lo que ha sucedido en el Departamento del
Cauca, ni en el Valle del Cauca, muy doloroso para las familias afectadas con
esta absurda ola de violencia, pero si nos atenemos a repasar la historia política
de Colombia, no es sorprendente lo que pasó en un país que ha decidido
mantenerse en estado de guerra permanente y donde para una rancia casta política
es más importante agenciar la guerra donde solo mueren los hijos de los pobres que
mejorar la salud y la educación.
¿Y cuántos votos tiene Ud.? ¿Cuál va a ser su aporte?
Lo que realmente contrarrestará no regresar al pasado es votar. Hay que
ejercer nuestro derecho al voto y aportar cada simpatizante de la causa un mínimo
de 2 votos nuevos, para que el cambio continúe. Conseguir que los indecisos
voten por Iván Cepeda es la prioridad. Esa es la tarea a realizar en 30 días
que faltan. En este momento enfrascarse en divergencias conceptuales es inútil,
contraproducente y solo nos distrae del verdadero objetivo.
ADENDA: la Justicia Especial de Paz (JEP) determinó que los llamados
"Falsos Positivos" ya no son 6.402 si no la friolera de 7837. Esté
escabroso número equivale a toda la tribuna Oriental y Occidental del estadio
Pascual Guerrero de Cali abarrotada de aficionados. Cualquier país medianamente
civilizado estaría espantado. Aquí nos han normalizado el hecho.


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