Texto
de Germán Peña Córdoba.
Una votación masiva y desbordada es lo que necesitamos. Una votación inconmensurable es superior a
cualquier intento de fraude. Así como el pueblo es superior a sus dirigentes,
el voto es el máximo derecho a ejercer en democracia. Un voto, que supere lo
inexorable, la abstención de siempre, la votación del 21 de junio debe ser mayor
a cualquier intentona de engaño en las urnas. El engaño lo hemos normalizado,
tenemos que aprender a rechazarlo. Tenemos que aprender a desaprender. Suena
romántico lo sé, suena a idealismo lo sé, para muchos será una bobada también
lo sé, pero cuando hayan transcurrido dos meses larguitos de la posible y fatal
metida de pata, cuando se sienta los rigores y las consecuencias de la cruel y
equivocada determinación vendrán los dolores en el alma.
Mi
abuela Petrona Oliveros los llamaba sabiamente los "ayayay". Es un
dolor que se siente después de haber cometido un craso error, el error militar
imperdonable que cometió el general Romano Marco Licinio Crasso en su
estrategia de guerra. De allí viene su nombre: Craso error. Por supuesto que vendrán
los arrepentimientos; errores para los cuales no habrá cura posible. Vendrá la
oscuridad total, el cielo nos inundara con su llanto y vendrán décadas de
retroceso.
¿Eso
es lo que quieren?
Lo
anterior es lo que yo veo, y lo que quiere mucho viejito indolente con sus
nietos. Ancianos que ya vivieron, pero sus votos alineados a la derecha le
deciden la vida de los jóvenes de 20, que desafortunadamente no votan. Adultos
mayores con más de 80 años reunidos en los Centros Comerciales que hablan
bellezas del “Matagatos" sin conocerle ejecutoria alguna, solo movidos por
su odio inducido y visceral hacia Gustavo Petro. Sin profundizar en lo más mínimo,
con su voto deciden porque la apatía de los jóvenes lo permite. Si profundizamos
la equivocación, que espero que no sea así, la pesadumbre de haber perdido la educación
publica gratuita será inmensa. El fascismo no le conviene que la gente se
eduque, al Fascismo le interesa tenerlos ciegos y sumidos en la ignorancia pues
así los manejan como corderitos. Al respecto dijo Bolívar "un pueblo
ignorante es el instrumento ciego de su propia destrucción".
Pero
como esto, espero no va a suceder y esperamos que lo anterior no llegue a
ocurrir, votaremos masivamente con convicción. La fuerza de nuestras ideas se
convertirá en inderrotables. Contrariando el viejo aforismo colombiano que dice
"el pueblo vota, pero no elige"; esta vez el pueblo votará por
la mejor opción. Cuando el pueblo vota y no es sujeto a fraude brillará la
esperanza y la libertad, Cuando el fraude se perfecciona y es ejecutado por
etapas como en este caso, comenzó con el fraudulento impedimento de no dejar a Iván
Cepeda participar en la consulta interpartidista de octubre pasado, se incentivará
la resistencia y el pueblo se movilizará en masa reclamando sus derechos.
Yo
insisto que las elecciones en Colombia no son limpias o si no, como se explica
que una sola visión de país se haya impuesto durante 205 años ¡Pero llego la
hora de la dignidad! Cuando el pueblo toma el control de su propio destino, el
pueblo elige por encima de la arbitrariedad y el abuso. En Colombia no ha
habido nunca péndulo político, durante décadas hemos vivido la hegemonía
Conservadora y el país Liberal y esto solo ha traído un Neoliberalismo salvaje
representado en la ruina, desolación y la pobreza de millones de colombianos. ¿Cuántos
años de vida republicana con la misma visión?
Los
trabajadores que hoy gozan el beneficio de la reforma laboral le harán pistola
con los pies a sus jefes que les constriñen con el Plan Júpiter, los jóvenes
del Sena, que hoy disfrutan del beneficio de su contrato votaran; familiares de
policías y soldados, médicos residentes, campesinos que hoy gozan de la Reforma
Agraria, los abuelos que hoy reciben los 230 mil, los millones que hoy reciben
el salario mínimo vital, las madres cuidadoras, en fin el pueblo en general
tendrán que salir para remontar el absurdo resultado de primera vuelta. Pero
resulta que existe algo con lo cual resulta inútil luchar: la estupidez; pero también
vamos a remontar la estupidez de votar por alguien que representa los
antiderechos. Si retrocedemos serán décadas de indignidad, guerra (que es lo
que más les gusta sin exponer a sus hijos) y miseria. El pueblo decidirá este
21 de junio: si retrocedemos o avanzamos en las reformas sociales. Ni un paso
atrás, siempre adelante, no pasarán.
Germán Peña Córdoba
Arquitecto- UNIVALLE



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