Texto de German Peña Córdoba
Muchas veces en la vida toca definirse de manera ostensible y realista. ¡Y cuando
toca...toca! Sucede que de todos los males que nos circundan existe un mal menor;
en este caso hay que actuar con prontitud, pragmatismo y ejercer el divino
privilegio que tiene el cerebro humano, no superado aun, por ninguna de las demás
especies vivas: la capacidad única y sublime de poder escoger, poder decidir.
En ese orden escoger lo menos inicuo es lo más indicado: escoger el mal menor.
Dentro
de todo lo que nos hace daño, hay que quedarse con lo que menos daño nos causa.
En este caso, se necesita traer a colación la relación costo-beneficio y buscar
el equilibrio de fuerzas cuya relación puesta sobre una balanza su resultante
sea cero.
¿A
qué viene todo esto?
El
álgido tema electoral de Venezuela nos produce muchos desencuentros, se pierden
amigos entrañables, se causan enojos y claro esta: si tratas de conceptualizar
de manera objetiva, precipitadamente te matriculan sin el menor análisis, en
uno de los bandos; es la esencia de la polarización: una discusión emocional,
donde no propiamente prima la razón. Para inducir adherir a uno de los bandos,
los medios de comunicación son definitivos, estos arrecian, capturan
conciencias, atrapan incautos y prefabrican escenarios distopicos, dantescos y
apocalípticos o paraísos utópicos, según donde quieran dirigir a la opinión
pública, casi siempre moldeada por ellos.
La
situación actual del país hermano resulta inentendible si no se analiza un poco
el ascenso de Hugo Rafael Chávez Frías al poder. Recuerdo en los años setenta
cuando vivíamos la presencia de opulentos venezolanos, que nos visitaban
ocasionalmente en la Feria de Cali. Un Bolívar equivalía a casi 18 pesos colombianos
y, ellos en sus monumentales lanchas de carros nos espetaban en la cara:
"ta'barato dame dos"; era la arrogancia de unos pocos, frente a una
gran masa desposeída. Era los resultados de los gobiernos de un Jaime Lusinchi,
Rafael Caldera, Luis Herrera Campins o Carlos Andrés Pérez. Estos gobiernos de
antaño, con sus desbordadas ambiciones personales, su corrupción, igual que sus
falencias, le abrieron las puertas en la escena política a un Hugo Chávez, un
verdadero fenómeno político en Latinoamérica. Vinieron algunos años de justicia
social y el pueblo se vio beneficiado directamente con la renta petrolera.
Llego
Nicolás Maduro, nunca igual a Chávez, pero si con una concepción ideológica
similar. El natural desgaste y la desobediencia a los designios del imperio que
todo lo puede, desencadenó en las impopulares sanciones económicas. Las
sanciones manejadas de manera unilateral y maniqueista es el quid del asunto,
es el almendrón. Tenemos que comprender y ser un poco perspicaces, para
determinar la ambivalencia de quienes son los buenos y quienes los malos,
porque las sanciones trascienden la capacidad de cualquier gobierno y la
capacidad de maniobra se reduce. Imagínese por un minuto, la economía colombiana
con el peso de esas tenebrosas sanciones. ¡No existe quien las aguante!
¿Porque
un país se arroga la potestad de sancionar a otro y nosotros tener que aplaudir
eso convirtiéndonos en cómplices de la agresión? ¿Porque yo voy a estar del
lado de los que pedían las sanciones? María Corina Machado pedía sanciones a
voz en cuello. ¡Eso es un delito! Las sanciones afectan de manera determinante
el desempeño de cualquier gobierno. Yo personalmente no veo que en las
opiniones que se expresan, haya un vínculo o una referencia directa a las
sanciones impuestas y su afectación al bienestar social de los ciudadanos. Pero
lo más fácil es decir que estoy defendiendo a Maduro, mientras lo que pretendo
es ir más allá de la crítica fácil y puntual a Maduro.
Si
yo abiertamente digo que "se robaron las elecciones", tácticamente
estoy atendiendo y aceptando como cierto, la narrativa que pretende inocularme
la ultraderecha, y sus medios, puesto que no dispongo de la información
suficiente, veraz y tampoco tengo el acceso a las pruebas para admitirlo como
un hecho cierto. Solo dispongo de la información fragmentaria de los medios. ¿Y
quiénes son los medios? ¿Quiénes sus dueños? He ahí el nudo gordiano que nos
enfrenta.
El
Régimen actual de Venezuela, no es ningún santo ni tengo devoción frente a él,
pero si soy consciente que, en buena parte su situación, es el resultado del
bloqueo criminal. La fuerte migración que tenemos en Colombia y en el resto del
planeta, no es causado enteramente por el régimen chavista, si no, por el
bloqueo criminal y nefario de la gran potencia del Norte. Los EEUU intentan con
Venezuela lo que han hecho con Libia, Irak. Hay que recordar la mentira de las
armas químicas o biológicas, las causas de las intervenciones en Afganistán,
Ucrania, las intervenciones en países asiáticos, africanos, y en varios países
incentivaron las famosas “primaveras árabes".
Los
medios de comunicación occidentales y las Redes Sociales, juegan un papel
estratégico a favor de sus intereses, que no son nada diferentes a hacerse a
las riquezas que subyacen en su suelo: petróleo, oro, minerales o intereses de
geolocalización estratégica, como Panamá que nos expoliaron en 1902 y que
posteriormente nos indemnizaron con infelices 26 millones de dólares. En
Venezuela es el petróleo, el oro y el coltán entre otros minerales.
Después
de soportar con estoicismo más de 15 años de crueles sanciones económicas, se
va logrando un leve ascenso, un cambio en la situación: la inflación se
encuentra en el 8% y la atávica dependencia del petróleo ha virado hacia una
economía agrícola a tal punto que hoy Venezuela es un gran exportador de productos
agrícolas. Si tenemos dos extremos y necesariamente desde la distancia,
medianamente informados, habría que escoger uno de los dos extremos, yo me
decido por el mal menor.
Germán Peña Córdoba
Arquitecto-UNIVALLE.