Texto de Germán Peña Córdoba.
El poder en cualquiera de sus manifestaciones, y
especialmente el poder político, contrario a lo que se piensa, no son ríos de
leche miel, más bien, son procelosas aguas en las que se navega y quizás se
naufraga. En cualquier escenario que se presente, el poder se disfruta, pero a
la vez se padece; se sufre y más cuando el depositario es enfermo por poseerlo.
A la persona contaminada con el poder la codicia lo obnubila, el desmesurado
elogio lo embriaga y si no comprende que el retirarse a tiempo es la condición
Sine Qua Non para salir indemne en su fracasada lucha por perdurar en el
tiempo, la extendida carrera política terminara como todo lo que pretende
eternizarse: en el ostracismo. Es casi un milagro no salir corneado por un toro
de casta y, ese toro es el poder que embiste con bravura.
Pero el poder, bien sea el poder económico,
eclesiástico o político va necesariamente asociado a una determinada ideología;
la ideología entendida como un cúmulo de principios que componen una doctrina.
La ideología per se no es mala, cualquiera sea su orientación, lo malo es la
distorsión que hace de los principios básicos el sistema político que gobierna.
Parafraseando a Jean Jacques Rousseau, las corrientes de pensamiento nacen con las
mejores intenciones, pero las ideologías políticas (que con ellas se gobierna)
las corrompen y las distorsionan.
Aterrizando lo anterior, en nuestro suelo; en Colombia ha
prevalecido en el tiempo dos doctrinas: el bipartidismo entre el partido Conservador
y el partido Liberal que en su primigenia concesión son contrarias, pero con el
tiempo y por solidaridad de cuerpo se han fusionado ideológicamente tanto así
que hoy es difícil diferenciarlas en el ejercicio de un neoliberalismo salvaje
que profundiza las desigualdades.
La ideología liberal trasciende nuestras fronteras
patrias y su expresión ideológica se ve reflejado en múltiples partidos
internacionales. Aquí en Colombia fue su fundador Ezequiel Rojas, en 1848. El liberalismo
nació con un atractivo slogan: "oportunidad para todos". Tiene
el partido Liberal en su esencia (no en lo que hoy es) la promoción del ser
humano, la defensa de sus derechos como lo es la vida, la dignidad humana, la
libertad, la salud, el trabajo, la educación y el desarrollo cultural. Hoy de
eso nada queda. Gobiernos liberales como el de José Hilario López que en 1856
acabo con la esclavitud son recordados con inmensa gratitud; por eso cuando se
tiene contexto histórico se nos hace impensable un negro conservador. Mi abuela
Petrona Oliveros para esa vergonzosa situación tenía una acertada frase: "un negro Conservador es un tambor
que no suena, una Marimba muda y silente, un clarinete insonoro" Mis
ancestros todos fueron liberales.
La contraparte al liberalismo dentro del limitado
bipartidismo, que ha causado tanta violencia siempre ha sido el Partido
Conservador. Fundado por Mariano Ospina Rodríguez y Miguel Antonio Caro, de
allí nace lo que se ha llamado "el partido de Caro y Ospina".
Notablemente de derecha eclosiona con un fuerte arraigo a la iglesia católica
"para preservar los valores morales del cristianismo en la sociedad colombiana".
Teóricamente debería aferrarse a la doctrina social de la iglesia católica que
contempla la teología de la liberación cuyo más destacado exponente fue el cura
Camilo Torres; teoría que en su esencia le otorga preferencia a los más pobres.
Es tal la distorsión de la doctrina, qué en muchos de
sus miembros de la alta clase política se ve reflejada la aporofobia (aversión
por los pobres) que sufren lo cual fácilmente lo demuestran con sus rechazos a
las reformas sociales que este gobierno ha tratado de llevar a cabo. Pero eso sí,
y como Laureano Gómez: ¡no faltan a misa de seis!
Con todo el peso ideológico e histórico que nos ha
tocado vivir durante 204 años, seguimos, resistiendo y pensando en una Colombia
mejor. Vivimos en un país donde un partido Conservador que tuvo una hegemonía
de 44 años de manera ininterrumpida, con 11 gobiernos seguidos desde 1886
hasta1930, desea presentarse como salvador. Una Republica Liberal que luego
vino y gobernó durante 16 años con 4 gobiernos seguidos desde 1930 hasta1946,
posa de la mejor opción. Todos y a partir de allí hasta 2022, ha sido un
contubernio alternativo solo entre conservadores y liberales que han
cogobernado a Colombia como su finca.
Todo lo anterior sucedió dentro de la mayor pasividad.
Hasta que llego una realidad incómoda para los de
siempre. El gobierno de Gustavo Petro ha llegado tocando intereses que nunca
antes se habían tocado y una clase política, qué históricamente ha propugnado
porque eternamente vivamos en un vergonzoso estado de desigualdad. Lo que hoy
sucede, es una clara ruptura del orden afincado en todos los estamentos
institucionales. El establecimiento hoy reacciona oponiéndose a todo aquello
que lesione unos intereses fuertemente arraigados y apoltronados al interior de
la sociedad. Ese viejo orden, se resiste a desaparecer y mientras espira, en
los estertores de su muerte lanza fuertes coletazos capaces de destruirlo todo.
A pesar que existe en nuestro sistema político una constitución, que rige el
estado social de derecho, el actual congreso, que en las próximas elecciones
hay que defenestrar, obstruye al gobierno del cambio, por factores más
ideológicos que argumentos razonables, el actual legislativo se atraviesa cual
mula muerta por factores históricos e intereses económicos que al final se
convierten en una irrenunciable codicia.
Germán
Peña Córdoba
Arquitecto-UNIVALLE.


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