Se enfrentarán dos decentes.

10 de diciembre de 20250 COMENTARIOS AQUÍ

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Texto de Germán Peña Córdoba.

Reencauchar a Sergio Fajardo en momentos, que la ultraderecha tiene por candidato al rábula, vocinglero y charlatán, no es una mala idea. No votaría por Fajardo, pero indiscutiblemente es un tipo coherente con sus ideas, que lo han llevado a candidatizarse por tercera vez. Aunque no es de mis afectos políticos, Fajardo indudablemente (y hay que reconocerlo así), es un candidato diferente al monotemático, cuentero y rábula candidato de cuyo nombre no quiero acordarme. Sergio Fajardo es un intelectual (como lo es Iván Cepeda) destacado, serio, honesto y ante todo un académico de las ciencias exactas. Lo valoro en su verdadera dimensión.

Ha sido fiel y consecuente con los principios que rigen su carrera política, le huye al ambiente polarizado, pero brinda propuestas serias en lugar de atacar permanentemente a Petro como único recurso. Es ecléctico y dubitativo, quizás por lo anterior es etiquetado tibio. En política un personaje tibio es aquel que en su ambigüedad sigue fielmente al armadillo, encima de la palma de coco: ni se sube, ni se baja, ni se queda allí tampoco. "Ni fu, ni fa" diría mi abuela Petrona Oliveros cuando alguien tiene dificultades para definirse. Su máxima tibieza se manifestó en momentos decisivos de un histórico desenlace electoral donde se decidía el rumbo del país.

Corría el año 2018, y Fajardo no pasó a segunda vuelta. La elección se decidiría entre Gustavo Petro e Iván Duque. Gustavo Petro llenaba todas las plazas, y su simpatía política era arrolladora. Aparte de un supuesto fraude que en realidad pudo fraguarse, el apoyo que podía brindar el candidato perdedor o sea Fajardo, era fundamental para definir el galimatías electoral del momento ¡Fajardo se desentendió! No tuvo la grandeza que exigía el momento histórico. Esa misma tibieza, lo condujo al mar Pacífico a avistar ballenas y presenciar el nacimiento del pequeño gigante ballenato, mientras por su culpa, la tesitura política se desarrollaba en contra de lo deseado, por las fuerzas Progresistas que naufragaron en las aguas fétidas de un dudoso resultado. Ante el lamentable hecho, y en ese momento histórico, las incipientes redes sociales explotaron con la crítica a ese comportamiento de tibieza pura, del candidato Fajardo.

 ¡Este imperdonable episodio lo marcó!

Sus detractores y sus procesos jurídicos le adjudican hechos donde la palabra gobernabilidad es alterada y se desplaza a la llamada "Donbernabilidad", que viene de Don Berna, un capo de las estructuras mafiosas Antioqueñas, hoy Don Berna, paga una larga condena en el país del norte. Trata la "Donbernabilidad" de supuestos arreglos por debajo de la mesa con la delincuencia organizada, con el fin de presentar una baja en la tasa de homicidios en Medellín. Otros hablan de irregularidades en la construcción del túnel del Toyo o de la represa de Hidro Ituango, siendo Fajardo alcalde y gobernador de Antioquia.

Hablar de Iván Cepeda es hablar de una persona con una trayectoria limpia y pura. Diáfano y trasparente como lo es, no se le ve mácula ni tacha alguna en su trasegar político. Hablar mal de Cepeda es un contrasentido, que raya con la absoluta desinformación de lo que ha sido su pulcritud y su historia. Su padre Manuel Cepeda Vargas y su madre Yira Castro (un barrio del Distrito del Agua blanca en Cali lleva el nombre en honor a ella) fue asesinado por el paramilitarismo, siendo senador de Unión Patriótica, en el pogromo contra la Up, Yira, luchadora incansable por las causas populares, un prematuro cáncer acabo con su vida. Sus padres fueron dos personas fieles a su ideología y vivieron apegados al servicio de las comunidades más pobres.

Casi 20 años en el Senado le dan a Iván una experiencia excepcional y una inconmensurable autoridad moral, para enfrentar cualquier amenaza con el fin único de destruirlo. La extrema derecha en su desespero apelará a su conocido libreto calumnioso, pero el tiempo irá decantado la seriedad de su candidatura.

En este océano de indecencia en que navega la política colombiana, Iván Cepeda y Sergio Fajardo, serán una bocanada de aire fresco; son dos políticos colombianos decentes que se podrán ganar el favor del pueblo colombiano con su voto. Será el 2026, un duelo de dos tirantes en una segunda vuelta, qué adecentará la política colombiana. El orden natural de las cosas, nos indicará lo más conveniente. El resultado será contrario a las candidaturas que gozan con proponer trasnochados incendios, que hoy ya el pueblo colombiano no desea.

Germán Peña Córdoba

Arquitecto- UNIVALLE

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