El Dios Rayo o Amajû Jumape

8 de octubre de 20260 COMENTARIOS AQUÍ

Texto de Edgar Alzate Díaz.

“Desciende de un cielo rasgado de marzo y se sumerge en la ciega mañana atlántica un perrito rojo que brinca por la playa kilómetros abajo como una sombra liberada”

 Anne Carson

En los días de lluvias y tormentas cuando se recorren los límites de las sábanas del Meta y Vichada en la Orinoquía y la selva Amazónica o montaña  como le dicen los indígenas que habitan esta región, ves cómo se separan estas dos grandes regiones marcada por una línea de monte y los pastos de la sabana, con sus árboles de “Chaparro manteco”, arboles de corteza dura, retorcidos que han aguantado incendios, sequías, inviernos, muy semejantes a la vida misma y los árboles de yopo, que viven en los bordes de los bosques, árbol sagrado, usado por los Chamanes para ingresar al espacio de los seres espirituales, para sanar o para causar daño. Los morichales que como pinturas adornan las sábanas en las que encuentras peces, guíos, agua, mucha agua y las palmas de moriche que cuidan y protegen a los indios en sus viviendas.

En las tormentas cuando caen los luminosos rayos y la lluvia golpea con fuerza es el espíritu del rayo el que domina. El Dios Rayo el desterrado a los confines del espacio, adonde los Espíritus lo llevaron por sus malas actuaciones, sigue lanzando sus terribles flechas que, en el borde del monte, en medio de las sábanas inundadas suenan y golpean más fuerte y el ser humano se hace insignificante ante el poderío de este gran espíritu. Así es la vida en estas periferias en las que son los seres invisibles y poderosos los que dominan.

Una noche que apenas comenzaba, la oscuridad tenue marcaba las siete y estaba en compañía de varios Sikuani después de una reunión con los mercaderes del oxígeno-carbono, empezaban las cervezas a pasar de manos a manos. Como no puedo tomar licor los indios aprovechando que salía una camioneta con algunos funcionarios de la empresa de carbono me dijeron que mejor me fuera porque se demoraban tomando. Así lo hice y al momento de salir y montar en el carro se subió en el asiento trasero una mujer a la que se le veía un cabello largo que le caía en ambos lados de la cara, pero su cara no estaba bien definida, un poco su nariz se dibujaba, pero no los ojos ni la boca era como una cara de maniquí, era una pincelada pues no se observaba bien. Yo miraba para atrás pues no la había visto con el grupo de funcionarios del carbono, pero pensé que pertenecía a ese grupo. La miré como tres veces y siempre estaba con su cabeza agachada y un vestido largo que más parecía una bruma, una cortina transparente que movía el viento. Cuando llegamos a la casa de hospedaje nos bajamos todos del vehículo y ella también se bajó, igual su figura estaba envuelta en un vestido gris que le caía hasta el suelo, y sus largos cabellos separados en su cabeza mostraban una cara sin facciones, me senté en una mesa y preguntaron que cuantos éramos los comensales, dije que siete, pero me corrigieron los funcionarios diciendo que éramos seis solamente. Nadie vio a la mujer que desapareció.

A los meses nuevamente apareció en la madrugada acompañándola esta vez los perros del resguardo indígena que ladraban y se escucharon notas de flauta que daba cuatro compases acercándose a donde estábamos alojados. Desaparecieron las notas de la flauta, los perros dejaron de ladrar. Una colega dijo “me asusté cuando oí esa flauta”, supe entonces que la mujer había regresado. Un jornalero le comentó a su señora que los compañeros de trabajo hablaban que ella los llama, “vengan, vengan” desde algún montículo de la sabana. Es una mujer joven que murió dejando cuatro hijos, dos muy pequeños y tal vez esto es lo que hace que ella regrese ante su inesperada partida sin haberse despedido de sus hijitos.

Son cosas, eventos que ocurren todavía en esas regiones en las que los espíritus demoran para partir a los confines y a las lagunas celestiales donde moran los muertos en los dominios del Dios Rayo.    

Comparta esta nota :
Todos los derechos reservados
Alirio Acevedo Sánchez
 
Con el apoyo de : Alirio Acevedo Sánchez | Amparo López Otálvaro | Juan David Acevedo Jímenez
Copyright © 2015. Sevilla Valle del Cauca - | Webmaster Alirio Acevedo Sánchez | Todos los Derechos Reservados.
Creado por Creating Website Publicado por Mas Template
Con la tecnología Blogger