Siempre le sugiero a los más
jóvenes que, aunque sea un poquito, aunque sea por los laditos, aunque
sea de manera superficial, lean un poco y se empapen de la historia política de
Colombia para poder opinar con algo de objetividad; de lo contrario se opina y
se decide sin contexto, se conceptúa en el aire. Si leen encontrarán sorpresas
y verán como los hechos se repiten de forma asombrosa como un Deja Vu.
Los jóvenes y aun gente veterana,
con el simple hecho de no leer, apoyan decisiones de manera acrítica e
irreflexiva. La mayoría de gente, sin referentes históricos, en forma ciega y
emocional defienden personajes nefastos. No enterarse de su fatal determinación
puede ocasionar a corto plazo un perjuicio a sí mismo, va en contra de sus
derechos e intereses, pues lo más seguro es que, bajo un régimen sin
escrúpulos, ilegitimo y dictatorial sus derechos serán conculcados.
¿Pero de que nos sorprendernos?
Siempre ha sido así: los mismos conculcados, sin conciencia política, ni
conciencia de clase, deciden votar por el mismo que mañana les conculcará sus
derechos. Existe cierta fantasía en el marginado que es alimentada por los
medios de comunicación afines a la codicia: a los pobres les crean un
estereotipo de vida inalcanzable, pero ellos, guardan la lejana esperanza que
algún día lograrán alcanzarla como norma del éxito. Es como el jinete que
montado en su caballo y armado de una larga vara que se dobla y de ella pende
una zanahoria estirada hacia adelante del hocico del animal. Como la vara corre
simultáneamente con el caballo el objetivo que es la zanahoria y que pende
adelante jamás será alcanzada por el caballo. El marginado lo cree, pero el
Neoliberalismo jamás cederá, en empobrecerlo, porque se alimenta de la
permanente desigualdad aupada por el mismo sistema autocrático.
Lo anterior, es lo mismo que
sucede con el pobre arribista: Desean en lo más íntimo ser aceptado y anhelan
ser como sus eternos conculcadores. Odian al de su misma clase y, con tal que
el otro no salga adelante, hasta se sacrifican así mismos.
En la película Django
Desencadenado, el esclavo Stephen ve al esclavo liberto Django montado en un
caballo
-¡Amo mire a ese Django montado
en un caballo!-
El amo le contesta.
-¿Quieres un caballo?-
-No amo, yo lo que quiero es que
Django no lo tenga-
¡Tal cual!
Cuando la equivocada decisión
fluye, se desarrolla, se atornilla y se toman decisiones anacrónicas que nos
regresan al ostracismo se cae en cuenta, pero ya es tarde. Todos incluso los
derechistas moderados, se dan cuenta del evidente desacierto, pero todos callan
con tal de no darle la razón a quien con anterioridad anunciaba el desastre.
Vamos al error como los ríos van hacia el mar: nada los detiene. Es patológico,
es la dificultad que para muchos representa el no reconocer errores y no tratar
de enmendarlos. Es grande la dificultad, que para muchos representa reconocer y
aceptar la palabra: ¡me equivoque!
Existen muchos con vasta
experiencia, que hoy andan con esa dificultad a cuestas, los años vividos
deberían favorecer el reconocimiento, pero el Negacionismo es más fuerte. Es
tan atávica la decisión que fuimos capaces de renacer a Laureano Gómez qué
representa lo más retrógrado de la historia política de Colombia y matar por
segunda vez a Carlos Pizarro.
Pero me sucede lo que algunos
amigos coetáneos me dicen: "Peña: vos en tus escritos a veces te
dispersas" ¡Puede ser cierto! No me incomoda la crítica. Sucede que, en la
dinámica de la escritura, se me atropellan las ideas y, termino escribiendo lo
que no había pensado escribir inicialmente. Hoy tenía pensado escribir sobre el
eterno fraude en las elecciones, como algo que no es nuevo. Será en otra
oportunidad.
Solo puedo decir algo al
respecto.
Antiguamente era muy popular
decir: "el pueblo vota hasta las cuatro de la tarde y la Registraduría lo
hace después de las cuatro". Antes se decía: "el que vota
elige", luego mutó para decir "el que escruta elige" y hoy con
toda la tecnología del engaño podemos decir el que maneja los Software, los BOTS
y las encuestas elige. Ya el fraude no es nacional es trasnacional.
ADENDA. Nadie, absolutamente
nadie en Cali a recibido auxilio alguno como damnificado del terremoto, entre
los cuales me encuentro yo. Solo nos hemos ganado una escombrera en el barrio
el Lido y, la expulsión inhumana e inconstitucional de los habitantes de calle
y recicladores que pernoctaban en el barrio San Pascual, y
hoy deambulan como Zombis en los
barrios Junín, Bretaña, Alameda y Guayaquil. ¿Y los semáforos? Yo bien gracias.
Germán
Peña Córdoba
Arquitecto-UNIVALLE.


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