Texto de Lisandro Duque Naranjo
Un día de éstos, en Cali y
Pereira llevarán ante la justicia a ADLE por el caso de muchos seres humanos
que hubieran alcanzado a ser rescatados entre los escombros del terremoto del
10 de agosto. Pero había una prisa anómala a los cinco días por poner a funcionar
la maquinaria amarilla. ¿Por qué, para qué y de quién ese afán? Los rescatistas
de México –los más hábiles en esa tarea–, se ofrecieron oportunamente para
sacar supervivientes que tenían los días u horas contados. Pero el gobierno no
les permitió intervenir, pretextando que les faltaba acreditar certificaciones
en las que son muy creativos los burócratas. Y, claro, los aprisionados entre
bloques de hormigón y varillas metálicas retorcidas se quedaron allí esperando,
falleciendo finalmente.
Los que fueron rescatados fue por
obra de centenares de voluntarios, vecinos, bomberos, defensa civil, muchachos
y muchachas solidarios, perros no entrenados, señoras que alcanzaban un vaso de
agua fresca, etc.
Para el señor ADLE, era el primer
día de presidente y se entendía que no supiera qué hacer, con una UNGRD hecha
trizas desde el gobierno anterior, pero lo único que podía decidir lo hizo mal:
prohibir a los mexicanos actuar. Prohibido hablar mexicano en Cali y en
Pereira, porque así habla Claudia Sheinbaum, una progresista.
ADLE responderá ante los
tribunales por ser el autor intelectual de tanta negligencia criminal.
20 emisoras de paz, ubicadas en
municipios remotos, creadas por el Acuerdo de Paz, fueron clausuradas por ADLE.
Se quedaron sin música ni programas los habitantes de esos lugares. Y sin
empleo sus escasos operarios.
ADLE trajo a Cali 80 soldados
israelíes para que se tomaran selfies con escombros al fondo.
Directivos de Blu Radio
desconectaron el programa de las diez y media –muy bueno y muy serio– que
tenían Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo, dejando a su audiencia empezada.
Dicen que ADLE no quería usar el
Palacio de Nariño como Despacho presidencial porque allí había trabajado Petro,
un discípulo de Ochún. Se decidió a ir porque su patota de curas de diversos
credos hizo una “limpia”.
Tiene vestuario para todo ADLE, y
quería estrenar un atuendo militar para desfilar frente a 23 cadáveres (dos de
menores) de disidencias bombardeadas. Como Atila, Fujimori…
Petro.
Cinco miembros del Pacto
Histórico (Gabriel Becerra, María del Mar Pizarro, Heráclito Landínez,
Alejandro Toro y Jorge Bastidas) votaron a favor de que Álvaro Uribe Vélez sea
investigado por la Comisión de Absoluciones de la Cámara, en lugar de por la Fiscalía
General, por los crímenes de Lesa Humanidad en El Aro y La Granja, además del
asesinato de Jesús María Valle. Petro, quien les ordenó, quería esa impunidad
en canje con Uribe para que éste ayudara a gestionar las bajas de interés en el
Banco de la República. Un cambalache con menos escrúpulos que los de los
traquetos. Justo después nombró a Gabriela Muñoz, como estratega comunicacional
del Pacto Histórico. Esta joven venía de Aerocivil, donde nombró a toda su
familia convirtiendo esa oficina en una nochebuena permanente. Si tuviera
vergüenza, el viaje de Petro a México sería una fuga. Y, en paralelo, al mismo
tiempo que empacaba la maleta, le entorpeció la elección a Alirio Uribe en el
Consejo Nacional Electoral. Qué vergüenza. Por mí que no vuelva.

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